Sírvete tú mismo: estos frigoríficos sociales ofrecen alimentos gratis en las calles de Berlín

Todos lo hemos visto alguna vez: operarios de supermercado tirando a la basura cantidades ingentes de alimentos perfectamente comestibles. Sucede cada día. Y no te acerques a pedirles lo que tiran: en la mayor parte de los casos te harán saber que tienen terminantemente prohibido hacer entrega de esa comida. Eso si directamente no te encuentras un espacio enrejado protegiendo a cal y canto esos “contenedores de la abundancia”. Amarga paradoja. Prefieren que esa comida se pudra a que alguien se alimente gratis de lo que ellos tratan como despojos.

Libros como Despilfarro: el escándalo global de la comida y documentales como Just Eat It han dado buena cuenta de la alarmante dimensión del despilfarro alimentario a nivel global. Un derroche que ha popularizado prácticas como el ‘ dumpster diving’. Quien se lanza a rastrear containers en busca de comestibles útiles suele experimentar las mismas constantes: primero, el estupor ante lo sencillo que resulta encontrar grandes cantidades de comida en buen estado depositada en los contenedores cercanos a establecimientos alimentarios y restaurantes como si fueran desperdicios; y luego, la sorpresa ante las dificultades que esos mismos establecimientos suelen poner para que la gente no logre acceder a los alimentos que ellos tiran.

Cuando la suerte acompaña, la actividad de ‘recolección urbana’ de un par de personas puede generar comida suficiente para alimentar durante días a varias familias. De ahí que los practicantes del freeganismo suelan organizarse en redes para compartir sus hallazgos. Es el consumo colaborativo llevado a pie de calle. Y a eso viene dedicándose la asociación alemana Lebensmittelretter desde hace un par de años.

Frigoríficos públicos en las calles de Berlín

Fundada por Raphael Fellmer

, un joven bien conocido en Alemania por su posicionamiento anticonsumista –lleva desde 2010 viviendo voluntariamente sin dinero junto a su compañera y sus dos hijos pequeños-, la iniciativa Lebensmittelretter cuenta con más de 7.500 asociados y cerca de 1.700 voluntarios dedicados a recorrer semanalmente los comercios de la ciudad en busca de comida perfectamente comestible que, por diversas razones, es considerada no “vendible”.

Su actividad colaborativa se organiza alrededor de una plataforma web en la que se ofrece información sobre las distintas partidas de alimentos disponibles y sus puntos de recogida. La mayoría de los gestos de intercambio solían producirse entre particulares, en espacios privados como casas u oficinas. En los últimos tiempos, sin embargo, Lebensmittelretter ha sumado a su infraestructura una red de estanterías y frigoríficos urbanos, situados en distintos puntos de la ciudad, de los que cualquiera puede servirse de forma gratuita.

El primero de esos puntos, bautizados FairTeiler (algo así como “compartidor justo”), se instaló en enero de 2013 en el barrio de Kreuzberg, en el interior del Markhalle IX, un viejo mercado inaugurado en 1891 que en los últimos tiempos se ha reconvertido en destino obligado para el foodieberlinés. Aquella primera estantería social tuvo que ser retirada del recinto por razones legales, pero otros puntos de intercambio han ido apareciendo en lugares como Wilhelmstraße, también en Kreuzberg, o en el patio de laHausprojekt M 29 en Malmöer Straße, en la zona norte de Prenzlauer Berg.

Se calcula que hay alrededor de 100 puntos de compartición similares en toda Alemania, organizados a través de la plataforma Foodsharing. La mitad de esos puntos cuenta con refrigeradores. En Berlín se contabilizan21 neveras sociales. La mayoría están localizadas en el interior de comercios que apoyan la iniciativa, pero también las hay situadas en plena calle.

Lisa Fialik, una de las voluntarias de Lebensmittelretter, explicaba recientemente a Der Tagesspiegel que “los puntos de comida son rellenados hasta tres veces al día por ciudadanos de todas las edades, e incluso turistas”. Dar para recibir.

La cadena ‘bio’ con conciencia social

Uno de los grandes logros hasta la fecha d e Lebensmittelretter es haber involucrado en su proyecto a la cadena de supermercados Bio Company, dedicada al comercio de productos ecológicos. Todas sus sucursales en Berlín, Postdam y Hamburgo se han comprometido a ceder sus excedentes de comida.

Bio Company justifica su decisión apelando a cuestiones de conciencia y compromiso social, pero no pierden de vista la dimensión empresarial de la medida, que también la hay. Su director explicaba a Slate que la iniciativa, además de luchar contra el despilfarro de comida, puede suponer una ganancia económica para la empresa en la medida en que les supone un ahorro de costes en términos de espacio de almacenamiento y de la fuerza de trabajo necesaria para la manipulación de esos excedentes de mercancía que acaban siendo desechados.

Cifras que duelen

Se calcula que cerca de un 40% de la comida que se produce globalmente en el mundo acaba desechada. A veces, por razones tan peregrinas como no cumplir ciertos estándares estéticos, es decir, condiciones de tamaño, forma o color que en nada afectan a las cualidades nutricionales del producto. Según estimaciones de la Comisión Europea, este año se desperdiciarán más de 100 millones de toneladas de alimentos sólo en la UE, y se espera que esa cifra crezca hasta los 126 millones de toneladas de aquí a 2020.

Para poner esos números en perspectiva basta acudir al consumo alimentario anual en volumen registrado en España durante el ejercicio 2013: 30.717 millones de kilos/litros, según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Es decir, la comida que se desperdicia anualmente en la UE daría para alimentar tres veces a toda la población española.

Según un informe del Parlamento Europeo, cada habitante de la Unión Europea desperdicia de media unos 179 kilos de alimentos al año. Eso supone un desperdicio diario por persona de medio kilo de comida. Un despilfarro inadmisible en cualquier caso, pero más aún si tenemos en cuenta que en la UE hay cerca de 79 millones de personas que viven por debajo del umbral de pobreza.

Iniciativas como la de Lebensmittelretter son un esfuerzo en el sentido correcto, el recordatorio de que si alguien pasa hambre en el mundo desarrollado no es por falta de recursos. Se produce comida en demasía. El problema está en la sobreproducción, en el desaprovechamiento, en el despilfarro y en la mala repartición de lo que hay. Ahí es donde hay que actuar.

El futuro pasa por buscar nuevas formas de compartir lo que nos sobra. O eso, o acabaremos enterrados por nuestra propia basura.

 

Comentarios

Comentarios

¿Nos ayudas con un "Me gusta"?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *