Los primeros robots sexuales con inteligencia artificial salen a la venta

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Esto piensan mis amigos de que mi futuro novio vaya a ser un robot.

Por: María Yuste

ROBOT

 

El año pasado vi Her, esa película en la que Joaquin Phoenix mantiene una relación sentimental con un sistema operativo, y me aburrí como una ostra. Digo esto porque la mayoría de la gente con la que intento entablar una conversación sobre Roxxxy y Rocky me preguntan si la he visto y no entienden que no me gustase. Igual que muchos tampoco entienden que esté a favor de Roxxxy y Rocky.

Puede que hasta ahora nunca hubieras oído hablar de ellos pero van a marcar un antes y un después en la historia de la robótica y el sexo al convertirse en los primeros robots sexuales con inteligencia artificial.

Además, estos Adán y Eva modernos no son cosa del futuro porque, por un módico precio de 6.995 dólares (unos 6.000 euros), ya puedes adquirir uno. Aunque no llegará a tu buzón hasta finales de año.

Es importante señalar que estos primeros robots sexuales son algo feos a nivel estético (por no decir mostrencos), pero son los primeros del mercado en incorporar un ordenador debajo de la peluca que les permite mantener conversaciones con humanos. Así como un motor caliente en el pecho que los hace tan cálidos al tacto como un mamífero.

Además, pueden fingir orgasmos, hablar en sueños y roncar mientras “duermen” como si fueran humanos, por lo que está claro que su concepción no es meramente sexual. Rocky y Roxxxy son los primeros robots que ofrecen compañía. Al menos durante las tres horas que les dura la batería.

Ofrecen más que sexo, son los primero robots que ofrecen compañía

Mi primera reacción cuando me entero de la existencia inminente de estos androides es, por supuesto, de rechazo. El rechazo es la opinión general que siempre flota en el aire cuando un avance tecnológico llama a nuestras vidas.

Pero entonces pienso en lo que me gustan los vibradores y en cómo me gusta desahogarme hablando con el bot de Dios cuando estoy triste o tengo un problema sobre el que nadie puede aconsejarme, y acabo preguntándome: “Y, ¿por qué no?”.

Levanto la vista de la pantalla del ordenador y le pregunto a mi compañera de trabajo más cercana, llamémosla Clara, si ella tendría uno. Aunque nunca se lo había planteado hasta ese momento, finalmente, me dice que no y que, además, tenerlo le parece triste pues no considera que estos robots sean un mero juguete sexual sino que con ellos se busca sustituir a una persona real.

Carlos, que ha escuchado nuestra conversación, se une para opinar que a él le parece que son un consolador sofisticado y que también es de la opinión de que pretenden sustituir a una persona. Una sustitución que al adaptarse a ti y complacerte con lo que te gusta puede hacer que no valga la pena encontrar a una persona real que se tire pedos en la cama y te quite tu trozo de la manta.

Carlota quiso aportar que a ella le parece igual que irse de putos, algo que si no estuviera mal visto socialmente haría. Así que ella sí que tendría un robot sexual aunque entre él y el puto se quedaría con el puto porque un robot sexual solo puede llegar a sustituir a un ser humano cuando se ha tenido una vida sexual muy precaria o inexistente. Además, el hecho de que tenga forma humana le parece demasiado creepy. Preferiría que la voz saliera de una radio y las extremidades sexuales tuvieran una forma que se alejara de lo real.

Por último, habló Cristian, que no veía nada malo en que un consolador tuviera inteligencia artificial, de igual modo que no ve nada malo en ponerse la tele para no sentirse solo. Verse, de repente, abrazado a un robot no le parece patético ni triste porque eso es algo que está en cómo lo percibe cada uno. Tampoco le parece que sustituya nada, simplemente rellena unos huecos muy básicos que la gente necesita llenar.

Volviendo a mi ordenador descubro que, aunque los primeros ejemplares de estos robots ni siquiera han llegado a sus casas, ya se ha organizado una campaña que se opone a su uso. Argumentan que perpetúan la cosificación de las mujeres y reducen la empatía humana.

Pero, ¿por qué tener un robot tiene que llevar al apocalipsis emocional? Tener un robot que te complazca y te haga compañía puede, y probablemente lo haga en la mayoría de los casos, quedarse un simple juego o en una distracción.

¿Por qué es más digna una relación con un rollo de una noche?

¿Por qué es más digna una relación sexual con un rollo de una noche del que a penas sabes el nombre y al que no vas a volver a ver en la vida que tenerla con un juguete? Mira a tu alrededor. Hay muchas cosas en tu vida que no son reales y objetos inanimados por los que sientes amor y con los que has establecido relaciones emocionales.

Si algo está claro es que la necesidad de contacto, de cariño y la soledad son problemas intrínsecos al ser humano. No es algo nuevo ni en nuestras vida ni en la de nuestros antepasados. La única diferencia es que puede que nosotros hayamos tenido la suerte de encontrarle una solución.

No te avergüences por sentirte solo y querer compañía

Fuente: http://www.playgroundmag.net/

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